Supongamos que te encuentras en un restaurante y tardan una hora en traerte la comida, a pesar de que el sitio no está demasiado concurrido.
a) No dices nada, ya que te gusta el sitio y no es para tanto.
b) Llamas al encargado, le dices que el tiempo de espera es una vergüenza y exiges que se te compense.
c) Pides hablar con el encargado y comentas lo que ha pasado para intentar evitar que vuelva a pasar.
En lo que se refiere a estilos de comunicación, la primera respuesta es de una persona pasiva, la segunda opción sería utilizada por un individuo agresivo y en el tercer caso encontramos lo que sería una respuesta asertiva. 
Pero, ¿cómo saber cuál es el término medio 
entre la pasividad y la agresividad?
En efecto, el término medio se llama asertividad. Éste tiene como premisa básica que todos los individuos tienen derechos básicos o asertivos, ya que es una habilidad social y comunicativa que tal y como definió A. Salter en la década de 1940, consiste en la expresión de los derechos y sentimientos personales, respetando a los demás. 
Por tanto, dentro de los estilos de comunicación nombrados anteriormente, la asertividad es el término medio. Ya que por una parte encontramos la pasividad, que consiste en permitir que otros tomen decisiones por nosotros o no tengan en cuenta nuestros derechos; mientras que por otra parte tenemos el estilo agresivo, que se utiliza cuando perdemos objetividad y faltamos a los derechos o ideas de los demás.
Diversos profesionales puntualizan que los estilos de comunicación están ligados directamente a la a autoestima. Ya que un exceso de autoestima puede llevar al egocentrismo, lo que se proyectaría a los demás como agresividad; mientras que unos niveles bajos de autoestima se transmitiría con cierta sumisión y querer complacer a los demás o no molestarles.

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