A continuación dejo un comentario que tuve que presentar para una de mis clases en la Universidad sobre la escuela inclusiva.
¿Qué te parece? ¿Has leído el artículo del que hablo? ¿Estás de acuerdo conmigo?

El tema principal que trata el artículo La diversidad como valor en una escuela que cambia Tonucci, 2017) es la diversidad dentro de la escuela. Por ello, el primer tema que debemos tener en cuenta es la diversidad. Este concepto consiste en el conjunto de diferencias marcadas que presentamos todos los individuos y, por lo tanto, la conclusión a la que nosotros llegamos en clase fue que; dado que las diferencias son un hecho natural entre los individuos, la diversidad debe aceptarse como realidad, evitando así hacer categorías. En este sentido, Tonucci (2017) propone que:

“La escuela debería dar a cada alumno y alumna la posibilidad de manifestar, expresar sus vocaciones, descubrir sus propios talentos, y para realizar esto debería adoptar dos posturas fundamentales: ofrecer un abanico muy amplio de lenguajes, de actividades diferentes, para que cada uno pueda encontrar aquello con lo que más congenia, y realizar una valoración positiva, es decir atenta a las capacidades, a las preferencias de cada alumno.”

Por lo tanto, resulta evidente pensar que la consecuencia lógica de la aceptación de la diversidad como realidad implica que, en el contexto educativo, no podremos encontrar ninguna medida buena (objetiva ni real) para todos. Así, aparece el concepto de equidad, que implica el hecho de proporcionar a cada individuo las ayudas y recursos necesarios para estar en igualdad de condiciones y aprovechar las oportunidades educativas para aprender a niveles de excelencia. Otro valor a destacar dentro de la educación es la calidad, entendida como una educación equilibrada en dos sentidos: Por una parte, es necesario encontrar el equilibrio entre lo común y lo diverso, es decir, aceptando que las diferencias existen, también deberemos ser capaces de encontrar elementos comunes que hay entre los individuos. Por otra parte, también será necesario encontrar el equilibrio entre la equidad y la excelencia. Sobre este valor de equidad, considero que hay una gran diferencia con la igualdad ya que, si bien la igualdad consiste en dar lo mismo a todos los individuos, la equidad consiste en facilitar los recursos y herramientas necesarios a cada individuo para que tenga las mismas oportunidades. Además, en el artículo de Tonucci, nos damos cuenta de que todos los alumnos deberán tener las mismas posibilidades de expresión y desarrollo:

“La escuela habrá de organizarse de manera diferente para poder ser un lugar donde los alumnos puedan expresarse libremente y donde puedan, pues, encontrar un amplio abanico de posibilidades expresivas y de actividades diferentes, de modo que sea posible, para ellos, encontrar aquellas con las que más congenian y, para la escuela, descubrir las potencialidades de sus alumnos y favorecer su desarrollo”

Volviendo a los valores que sustentan y explican la inclusión, la calidad y la equidad, la existencia de estos posibilitará que se den tres procesos:

  1. La educación será asequible y accesible para todas las personas
  2. Se eliminarán totalmente las discriminaciones que pueda haber por cualquier característica individual
  3. todos los individuos podrán obtener el máximo beneficio de la educación

Una afirmación breve pero muy acertada que hace Tonucci es la de:  “No necesitamos buenas reformas, sino buenos maestros”. Esta conclusión está muy relacionada con un ejercicio que hicimos en clase sobre un maestro al que le comentan que al día siguiente empezará un alumno con ceguera total. En este caso hipotético, pero posible, será el maestro el que deberá adaptarse al niño para asegurar que entre éste y sus compañeros haya equidad en las oportunidades de aprendizaje dentro del aula. En clase, también llegamos a la conclusión de que como profesionales (o futuros profesionales), nuestra intención no será la de reducir la diversidad, ya que hemos determinado que eso es imposible; sino que lo que pretendemos es aprender a trabajar con ésta para ser capaces de desarrollar y merjorar nuestra práctica educativa. También, en este caso, podemos afirmar que los profesionales de la educación aprenden a partir de las capacidades, ya que tienen la oportunidad de conocer y poner en práctica herramientas, recursos y actividades que proporcionen las oportunidades necesarias para que el alumno con ceguera pueda alcanzar el mismo nivel de desarrollo de sus capacidades y aprendizaje.

Como observación, es interesante que el autor en ningún momento hace referencia al concepto normal o anormal para referirse a niños con diferentes capacidades o con alguna discapacidad. Creo que es muy importante el hecho de que no se mencione, ya que la normalidad se trata de un constructo social que engloba los comportamientos, ideas y características que se adapten a la vida en sociedad. Lo que implica esta definición es que la sociedad excluye conductas, ideas o características, denominándolas anormales debido a la intersubjetividad social.

Como conclusión, me gustaría terminar citando a Tonucci (2017): “Los niños están bien; ahora son el maestro y la escuela quienes deben demostrar sus capacidades para llevar a cada uno de esos niños y niñas hasta los niveles de preparación previstors por los escolares”. He querido remarcar esta idea ya que considero que esta afirmación resume muy brevemente la idea principal del texto y la postura del autor sobre el hecho de que no se trata de integración, en que deba ser el alumno quien se adapte a la escuela, sino que deben ser el profesor y la escuela, como contexto, los que deberán adaptarse a todos los individuos para asegurar la equidad dentro del grupo.

Referencias: Tonucci, F. (2017). La diversidad como valor en una escuela que cambia. Aula Abierta. Nº. 46 pp. 9-12. Universidad de Oviedo


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