Según las Orientaciones para la Inclusión de la UNESCO, la educación inclusiva “puede ser concebida como un proceso que permite abordar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los educandos a través de una mayor participación en el aprendizaje, las actividades culturales y comunitarias y reducir la exclusión dentro y fuera del sistema educativo. Lo anterior implica cambios y modificaciones de contenidos, enfoques, estructuras y estrategias basados en una visión común que abarca a todos los niños en edad escolar y la convicción de que es responsabilidad del sistema educativo regular educar a todos los niños y niñas. El objetivo de la inclusión es brindar respuestas apropiadas al amplio espectro de necesidades de aprendizaje tanto en entornos formales como no formales de la educación. La educación inclusiva, más que un tema marginal que trata sobre cómo integrar a ciertos estudiantes a la enseñanza convencional, representa un enfoque que examina cómo transformar los sistemas educativos y otros entornos de aprendizaje, con el fin de responder a la diversidad de los estudiantes. El propósito de la educación inclusiva es permitir que los maestros y estudiantes se sientan cómodos ante la diversidad y la perciban no como un problema, sino como un desafío y una oportunidad para enriquecer el entorno de aprendizaje” (Orientaciones para la Inclusión, 2017 accesible aquí)

Por lo tanto, la educación inclusiva es un modelo educativo que pretende atender las necesidades de aprendizaje de todos los niños, jóvenes y adultos teniendo especial consideración a aquellos vulnerables a la exclusión social.

Este modelo parte de la premisa de que las diferencias son un hecho natural, y por ello pueden interpretarse de dos formas opuestas: Por un lado estas diferencias pueden verse negativamente, lo que conlleva a un rechazo a la diversidad. Esto supondría que las diferencias son un problema o un déficit para la sociedad. Por otro lado, una interpretación positiva de las diferencias se traduciría en la aceptación de la diversidad y por lo tanto, se eliminan las categorías de personas.

Para poder llegar a ofrecer una educación inclusiva, es necesario tener en cuenta diversos factores:

  • Educación inclusiva
    • Elementos actitudinales: ¿Qué pensamos?
      • Referentes: históricos, sociales, culturales, familiares…
      • Valores
        • Equidad: Proporcionar las ayudas y recursos que necesita para estar en igualdad de condiciones y aprovechar las oportunidades educativas para aprender a niveles de excelencia
        • Calidad: Una educación de calidad es una educación equilibrada en dos sentidos:
          • Equilibrio entre lo común y lo diverso: las diferencias existen, pero los individuos tenemos elementos comunes
          • Equilibro entre la equidad y la excelencia
      • Ser consecuentes con nuestros referentes y valores
    • Elementos didácticos
      • Conocimientos
      • Recursos

Teniendo en cuenta estos factores, podremos disfrutar de una educación inclusiva desde tres puntos de vista diferentes:

  1. Una educación asequible para todas las personas
  2. No discriminación por cualquier característica
  3. Todos se benefician al máximo de la educación

Para poder asegurar una educación inclusiva, ésta debe regirse por el principio de normalización, que consta de dos herramientas necesarias:

  • Principio de integración: Incorporar a las personas a un grupo en cualquier ámbito de la vida del individuo (exigiendo que el individuo se adapte a los valores del grupo)
  • Principio de sectorización: Hacer sectores geográficos con la intención de que los servicios estén próximos a los usuarios

¿Quieres saber cómo surgió y cómo ha evolucionado la educación inclusiva?
Educación inclusiva: Evolución histórica


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