El efecto Pigmalión (o la profecía autocumplida) consiste en la influencia potencial de las creencias de una persona en cuanto al rendimiento de otra.
Este fenómeno tiene su origen en la mitología griega, ya que en ella Pigmalión era un escultor que talló una escultura de la que se enamoró. Él tenía tantas esperanzas de que ésta fuera real que un día cobró vida. 
En educación destaca el experimento llevado a cabo en 1966 por R. Rosenthal y L. Jacobson. En una clase de sexto de primaria se les llevó a cabo una supuesta prueba de inteligencia y se les comunicó a los profesores que aquellos que obtuvieran una puntuación elevada presentarían un gran desarrollo intelectual en el curso siguiente (lo cierto es que el test no podía predecir esto).
No obstante, ocho meses después de la prueba aquellos niños que habían obtenido una puntuación elevada en el test, se habían desarrollado intelectualmente más que sus compañeros. Rosenthal y Jacobson encontraron una estrecha relación entre las expectativas de los profesores y el rendimiento del alumno.
Pero, ¿por qué ocurre esto?
  • Clima emocional: los gestos, el tono, las miradas… de los profesores eran más cercanos a los niños con puntuaciones elevadas, por lo que se sentían más seguros.
  • Cantidad de materia: dado que eran alumnos supuestamente aventajados, se les daba más materia porque sabían que podrían con más que el resto.
  • Relación profesor-alumno: Inconscientemente los profesores animaban y elogiaban más a los alumnos supuestamente más desarrollados, además de que cuando se les hacía una pregunta se les daba más tiempo de respuesta, se les facilitaban alternativas y no se les interrumpía; por lo que finalmente el niño encontraba la respuesta correcta.

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