El pensamiento crítico consiste en el proceso por el que pasa un individuo para analizar, entender y valorar la forma en la que se organizan los conocimientos que interpretan el entorno, concretamente las opiniones (o afirmaciones) aceptadas en la vida cotidiana. 
Este tipo de pensamiento frecuentemente se relaciona con el escepticismo, pero es necesario para el ser humano para desarrollar su propia identidad. Tal y como se explica en la Pedagogía Waldorf, suele aparecer durante la pubertad y alcanza su punto álgido en la adolescencia. 
No se trata de llevar la contraria a todo, sino de ser capaz de elaborar un punto de vista propio siguiendo un conjunto de pautas:
  • Capacidad de reflexión: adoptar una actitud de pensador crítico. Es decir, poder relacionar la información que captamos del entorno con términos abstractos.
  • Flexibilidad: Poder reconocer y evitar las barreras como los prejuicios o sesgos cognitivos. Además de aceptar la posibilidad de que existen alternativas diferentes a las propias
  • Capacidad de poner en duda: evaluar las fuentes de información y los argumentos tanto a favor como en contra de la idea en cuestión.
  • Motivación y curiosidad: estas dos características permitirán al individuo buscar una respuesta justificable.
Las características que un pensador crítico necesita y serán proporcionadas o estimuladas mediante la pedagogía crítica, son las siguientes:
    • Mente abierta
    • Dudas sanas
    • Humildad intelectual
    • Confianza en la razón
    • Perseverancia intelectual
    • Libertad de pensamiento
    • Alto grado de motivación
Y para terminar, dejo por aquí el enlace a una charla TEDx que trata el tema:

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