Como de costumbre, antes de entrar en detalle sobre qué es un prejuicio, dejo la definición de la RAE:
Prejuicio
1. Acción y efecto de prejuzgar.
2. Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal.
Por tanto, los prejuicios se basan en el proceso de construcción de una idea o juicio sobre algo o alguien antes de tiempo. Psicológicamente, se trata de una actividad mental inconsciente que influye en la percepción del individuo. 
El libro The Nature of Prejudice (1954) de G. Allport, quien se especializó en este tipo de sesgo cognitivo, incluye la definición de este concepto como: “la etiquetación que hacemos de manera negativa sobre la base de una forma de pensar que adoptamos desde pequeños”.
La mayoría de prejuicios se basan en promover la discriminación mediante la asociación de aspectos negativos con diferentes colectivos haciendo uso de las generalizaciones como pueden ser: “los gordos son vagos”, “las mujeres hablan demasiado”, “la gente con tatuajes no es de fiar”, etc. 
No obstante, aunque hablando de prejuicios normalmente nos referimos a ellos como una concepción negativa anterior,  también podemos encontrar prejuicios positivos como el efecto halo, ya que se le atribuyen elementos positivos por tener una característica concreta no relacionada como pueden ser: “las personas negras corren rápido”, “la gente con traje es de fiar”, o el efecto Pigmalión.
Por último, es importante no confundir prejuicio con perjuicio, ya que tienen significados bastante distintos. Ya hemos visto lo que es un prejuicio, y un perjuicio consiste en el daño material o moral que se ocasiona a algo o a alguien (“perjudicar“) 

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