«Simplemente», Bilbao

Por si aún no lo sabes, lo reconozco: me encanta comer. Así que lo primero que hicimos nada más levantarnos fue desayunar. Otra vez, mega buffet (no es casualidad, igual que en todos los hoteles anteriores, este no iba a ser una excepción; ya habíamos reservado con antelación la habitación con desayuno en el Ibis Bilbao Barakaldo, no solo porque me gusta comer, sino por una cuestión práctica: es mucho más cómodo salir del hotel habiendo desayunado que si tienes que buscar un sitio que te guste teniendo hambre.

No podía faltar la visita a Puppy, el perro de flores al lado del Guggenheim.

Después de desayunar, fuimos a ver el centro de Bilbao. Si bien es verdad que para mí las ciudades han perdido su encanto, creo que Bilbao es una excepción. A pesar de que no salió el sol, disfruté muchísimo de pasear por Bilbao.

Estuvimos todo el día dando vueltas por la ciudad, y aunque me gustó todo, lo más representativo supongo que es el Museo Guggenheim y Puppy.


Por cierto, obviamente, Sheldon vino con nosotros. Y nos sorprendió la cantidad de gente que había con sus perros. También nos extrañamos de que la mayoría los llevaran sueltos, ya que en Mallorca está prohibido.

Si tuviera que destacar algo de Bilbao, aparte del Guggenheim, nos pareció increíble lo limpia y bien cuidada que estaba la ciudad en general, todo lo contrario de Milán (día 6).

Al anochecer, fuimos a cenar. Decidimos cenar en el centro comercial que había al lado del hotel. No queríamos que se nos hiciera muy tarde porque al día siguiente nos esperaba un día increíble con una súper excursión.

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¿Qué ver en Bilbao?

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