Como ya comenté hace un par de días, quedé con una amiga que vive en Tarragona porque está estudiando allí. Igualmente, tampoco tenía mucho tiempo porque la ruta del viaje no me dejaba mucho margen y ella también se iba a pasar el finde; así que fuimos a merendar a l’Arboç, estuvimos un rato paseando por allí y nos despedimos hasta la vuelta.

Creo que merece una mención especial el pueblecito de l’Arboç . A simple vista, me pareció un lugar muy agradable y tranquilo (tiene unos 5000 habitantes), con varias zonas residenciales llenas de parques. Lo que más me gustó fue el parque para perros que, a diferencia de los que hay en Palma, estaba muy cuidado, con un dispensador de bolsitas, papelera, una fuente de agua potable para los perros y un par de bancos. Además, las dos entradas al recinto tenían doble puerta para evitar que los perros salgan corriendo. Poco antes de mediodía nos despedimos y cada una siguió su camino.

Chema llegaba sobre las 15.30 y yo estaba a una hora aproximadamente del aeropuerto, lo que quería decir que podía tomarme la vuelta a Barcelona con mucha calma. Aunque Sheldon había estado corriendo y jugando en el parque, nos vino bien hacer algunas paradas: para tomar un café, echar gasolina, estirar las piernas…

Decidí que, como no tenía prisa, no iría por la autopista. Así que tomé el camino de curvas que bordea la costa. Allí pasé por unos cuantos miradores con merenderos. El más bonito fue este que sale en la foto. Sheldon y yo aprovechamos para beber un poquito de agua y tomar un rato el sol. También aprovechamos para pedir que nos hicieran una foto a una pareja de extranjeros que también estaban de visita y me pidieron que les hiciera una. El pueblecito costero que se ve al fondo de este mirador es Sitges (alojamientos en Sitges).

A la hora prevista, llegué al aeropuerto y recogí a mi compi de viaje, Chema. Salimos directos hacia Andorra porque sabíamos que nos esperaban unas tres horas y media de coche, y no queríamos llegar muy tarde. Para no estar acostumbrada a conducir distancias tan largas, se me pasó relativamente rápido (en Mallorca el tramo más largo que se puede hacer en coche no pasa de la hora y poco). No obstante, las curvas de entrada a Andorra, el paso por la frontera y el atasco que había (imagino que por ser la hora que era de un viernes de principios de temporada de esquí), hicieron que los últimos 20km se me hicieran eternos. Con todo, al final llegamos casi a las 20.00 al hotel: Hotel de l’Isard (haz clic para ver más información sbore este hotel). Es un hotel en pleno centro de Andorra la Vieja, bastante agradable (pero si este no te convence, siempre puedes buscar más alojamientos en Andorra). No nos pusieron ningún inconveniente por llevar a Sheldon; es más, nos dijeron que lo podíamos dejar en la habitación si nos íbamos a algún sitio en el que no pudiéramos entrar con él; pero también nos comentaron que estaba permitida la entrada de perros en prácticamente cualquier sitio que no fuera de alimentación. Incluso nos dijeron que, aunque no estaba permitida la entrada con perro al restaurante del hotel, si quisiéramos desayunar con él, nos prepararían una mesita en la cafetería, donde sí se podía estar con perro.

Aparcar fue una odisea, el hotel tenía parking pero costaba unos 15€/día, así que dimos algunas vueltas, encontramos un parking municipal descubierto y aparcamos allí (desde el viernes por la tarde hasta el domingo por la mañana que nos fuimos, nos costó unos 17€). Entre hacer el check-in, dejar las cosas en la habitación y dar una vuelta, nos entró hambre así que cenamos en un restaurante que había enfrente del hotel y nos fuimos a dormir.

Día 1Primer viaje con SheldonDía 2
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