El año pasado ya hice un viaje de 8 días por Bélgica, Ámsterdam y Luxemburgo (algún día me animaré a contarlo por aquí…). Fue divertido, entretenido y pude visitar un montón de sitios preciosos (creo que Ámsterdam y Gante fueron mis visitas preferidas). Me gustó tanto, que estaba convencida de que quería viajar más. De hecho, creo que 2018 ha sido uno de los años en los que más he viajado…

Como bien dice el título de este post, decidí que quería hacer un viaje con Sheldon (pero, un momento… ¿quién es Sheldon?), ya que nunca ha salido de la isla. Por este motivo, y para hacer algo todavía más distinto, decidí que quería hacer un viaje en coche, por lo que al ser menor de 25 años y las compañías de alquiler te ponen muchos impedimentos para alquilar con mi edad, tomé la decisión de llevarme el mío: un Fiat 500. Como este año tenía los exámenes más apretados en el tiempo, supe que tendría más días de vacaciones, así que no podía desaprovechar la oportunidad (¡cada día cuenta!). Estuve mirando billetes de barco (no hay otra opción si quieres salir de la isla con un coche), y el viaje quedó acotado desde el 24 de enero hasta el 7 de febrero. Los billetes de Palma a Barcelona me costaron unos 150€ (mirándolo con unos tres meses de antelación, porque lo saqué al poco de llegar de Viena) y sí, digo billetes en plural, porque tuve que sacar uno para cada uno: Sheldon, el coche y yo.

Echando la vista atrás, tengo que reconocer que en el momento en que saqué el billete de barco para este viaje, ni siquiera me planteé qué cosas me harían falta o qué tendría que hacer. Además, como el año pasado, viajo en estas fechas porque termino los exámenes del primer semestre; por lo que ya era consciente del poco tiempo que tendría para organizarlo y planificarlo todo (con lo que me gusta llevar un orden y hacer listas…).

Cuando ya tuve los pasajes, empecé a mirar qué sitios quería visitar y qué ruta desde Barcelona era la mejor para aprovechar el tiempo y conocer nuevas ciudades. Desde el principio supe que viajar en coche me daría más libertad (aunque tengo que reconocer que en el viaje a Viena me desenvolví bastante bien), por las experiencias anteriores que ya había tenido con mis padres y porque una de las limitaciones de visitar otros lugares sin medio de transporte propio es la poca distancia que se puede recorrer en un día o la necesidad de mirar con antelación las posibilidades que ofrece el transporte público (aunque cada vez son más y más asequibles).

Para decidir la ruta, tuve en cuenta dos características fundamentales de este viaje:
Por un lado, iba a ir sola, así que tenía que contar con que todos los kilómetros que quisiera recorrer, tendría que conducir yo. Por otro lado, era consciente de que era el primer viaje de Sheldon, así que tendría que hacer más paradas de las que yo hubiera necesitado (solo por si acaso, ha habido ocasiones en los que ha llegado a aguantar 16-18h sin hacer pis).
También tendría que tener en cuenta que, cualquier hotel/hostal en el que quisera dormir, tendría que ser pet friendly, característica que, aunque en España todavía es poco frecuente, en Europa pude ver que es bastante habitual.

En esto, Booking.com me ayudó bastante, ya que tiene la opción de poner como requisito que los hoteles admitan animales, y siempre te pone si hay que pagar por ellos. Aunque normalmente son unos 8-10€ por noche, descubrí que hay hoteles en los que no te cobran su estancia o incluso puedes dejarles en la habitación si quieres ir a algún sitio a los que no puedas llevarlos.

Finalmente, un capricho que me quise dar (por el reto personal que me he propuesto: visitar 25 países antes de los 25 años), y es el de visitar el máximo número de países posibles (en los que no hubiera estado), tomándome un tiempo considerable en cada uno de ellos para ver los lugares más emblemáticos de alguna o algunas de las ciudades más importantes del país.

Después de barajar diversas opciones, y de descartar ir a algún sitio concreto para hacer pequeñas excursiones diarias (supongo que me invadió el espíritu aventurero y quise sentirme nómada en pleno siglo XXI), la ruta por la que me decidí, fue esta:

  • Día 0: Preparando el viaje
  • Día 1 (24 de enero): ¡Embarcamos!
  • Día 2: De Barcelona a Andorra
  • Días 2, 3 y 4: Pasar el fin de semana en Andorra
  • Día 4:  Salir hacia Mónaco
  • Día 5: Ver Mónaco y salir hacia Milán
  • Día 6: Ver Milán y salir hacia Liechtenstein
  • Día 7: Ver Liechtenstein y salir hacia Zurich
  • Día 8: Ver Zurich y salir hacia Ginebra
  • Día 9: Ver Ginebra y salir hacia Lyon
  • Día 10: Ir a Bilbao (en dos tramos)
  • Días 10-14: 4 días en Bilbao
  • Día 14: De Bilbao a Barcelona y barco
  • Día 15: Vuelta a casa

La ruta es esta:

Aunque luego hubo pequeñas modificaciones,
prácticamente hicimos el recorrido que planeé en un principio.

Ya, sé lo que estás pensando… Es un viaje largo, con un montón de sitios y cosas por ver y con un montón de kilómetros por hacer (el Google Maps marca casi 4000km, no digo más). Para tu tranquilidad (y la mía, para qué engañarnos), si bien en un principio iba a hacer este viaje sola, finalmente no; ya que antes de ir a Andorra, estuve con una amiga que vive en Tarragona y al dirigirme hacia el norte, recogí a mi compi de viaje en el aeropuerto de Barcelona.

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Categorías: SheldonViajes

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