Según la RAE, el conductismo consiste en: “1. Una orientación metodológica que estudia el comportamiento en términos de estímulo y respuesta sin tener en cuenta la consciencia, que es considerada un epifenómeno. 2. Consideración de la persona exclusivamente por su conducta y no por sus pensamientos y vida interior”.

En sus orígenes, el conductismo se centra en lo objetivo, dejando de lado lo subjetivo; es decir, estudia la conducta observable dejando de lado los procesos mentales. Según esta corriente, la “mente” es únicamente el vínculo entre estímulo y respuesta en determinados contextos.

La psicología conductista se organiza en tres diferentes niveles complementarios: el conductismo, el análisis experimental del comportamiento y la ingeniería del comportamiento. Además, los trabajos de investigación dentro de esta corriente han contribuido a desarrollar la terapia de conducta, la modificación de conducta, el análisis conductual aplicado y las terapias cognitivo-conductuales.

La base de la teoría conductista radica en cinco conceptos principales:

  • Estímulo: Señal externa capaz de producir una reacción o respuesta en el organismo
  • Respuesta: Conducta del individuo (o el organismo) que aparece como reacción al estímulo
  • Condicionamiento: Aprendizaje basado en la asociación entre el estímulo y la respuesta
  • Refuerzo: Consecuencia de una conducta que implica un aumento en la probabilidad de que vuelva a producirse la conducta
  • Castigo: Contrario al refuerzo, consecuencia que implica una disminución en la probabilidad de que vuelva a producirse la conducta

Pero, ¿cómo surgió la psicología conductista?

Con la aparición de la psicología científica, desarrollada por W. Wundt, se establecieron las bases del conductismo dentro de la psicología. En contraposición, J. B. Watson estableció que la psicología debía enfocarse en la conducta, y no en los procesos mentales como se defendía en la metodología introspectiva de Wundt. Por ello, se considera que la psicología conductista nace en 1913. Para Watson, nuestros procesos internos no son observables, sino que nuestra conducta se basa en las respuestas que damos en función de los estímulos externos que percibimos; y por ello se establece la metáfora de que los seres vivos somos “cajas negras”.

  • El condicionamiento clásico: Esta vertiente del conductismo surge a partir de los experimentos de Pavlov, en que se analizó la salivación de los perros, en función del estímulo que se les presentaba e incluso se descubrió que podía condicionarse la respuesta para que se diera ante un estímulo supuestamente neutro.
  • El condicionamiento operante o instrumental: Dentro de esta vertiente se incluyen las investigaciones sobre el aprendizaje basadas en experimentos con animales de Thorndike y, más adelante, de Skinner. Éste último introdujo dentro del condicionamiento, los conceptos de refuerzo positivo (premiar una conducta) y refuerzo negativo (evitar elemento desagradable). Las terapias de conducta de tercera generación encuentran sus principios en el condicionamiento operante de Skinner (como en la terapia de aceptación y compromiso, entre otras).

Críticas a la psicología conductista

  1. Descarta el inconsciente, los sentimientos y los estados de la mente, por tanto, no relaciona la personalidad con la conducta ni permite libertad, voluntad ni intencionalidad por parte del individuo en sí mismo.
  2. Considera que el sujeto es un receptor pasivo y, por tanto, no explica los procesos mentales.
  3. Tiende al reduccionismo, ya que es mecanicista: reduce lo psicológico al conjunto de respuestas que se dan a los estímulos. No tiene presente el innatismo ni el sistema nervioso en sus explicaciones.

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