Me doy cuenta que si fuera estable, prudente y estático viviría en la muerte.
Por consiguiente, acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales, porque ese es el precio que estoy dispuesto a pagar por una vida fluida, perpleja y excitante”
(Carl Rogers)

La psicología humanista surgió como corriente de la psicología a mediados del siglo XX, desarrollada durante las décadas de los 50 y los 60. Esta tendencia surgió como alternativa al conductismo y al psicoanálisis, corrientes predominantes de la época; para abordar desde un punto de vista distinto los problemas del ser humano.

El humanismo tiene sus orígenes en la filosofía con autores como Sócrates (con la fenomenología y la filosofía de la existencia y existencialismo), Nietzsche y Sartre, quienes abordaron temas como la libertad de decisión, la búsqueda del sentido de la vida, la experiencia y la personalidad como proceso en desarrollo.

Dentro de las corrientes psicológicas, podemos situar el comienzo de la psicología humanista en las teorías de A. Maslow, (creador de la Pirámide de Maslow), con su teoría desde la que propone que la mente humana debe estudiarse a partir de tres ciencias aisladas. Si quieres saber más sobre el enfoque de A. Maslow, te recomiendo su libro: La Personalidad Creadora.

La corriente humanista alberga diferentes enfoques y teorías por lo que resulta imposible plantear una teoría humanista común. No obstante, todas las teorías tienen algunos puntos en común que, según Kalawski, pueden resumirse en:

  1. Priorizar en lo específico de la naturaleza humana
  2. Confiar en la naturaleza y búsqueda de lo natural
  3. La conciencia como concepto muy amplio
  4. Trascendencia del ego
  5. Superación del dualismo mente/cuerpo
  6. Revalorización de lo emocional

Uno de los representantes de esta corriente es C. Rogers, con su terapia no directiva centrada en el cliente y tiene dos premisas básicas:

  • Confianza total del terapeuta al paciente: Se debe ser capaz de empatizar con el paciente para entender y comprender sus experiencias personales y el entorno que le rodea
  • Rechazo total al papel directivo del terapeuta.

Otras terapias que entran dentro del humanismo son:

  • Logoterapia de Frankl. Para V. Frankl el concepto básico es el sentido de la vida, la pérdida de ésta ocasiona neurosis y patologías y por ello el terapeuta tendrá como objetivo conseguir que el paciente restaure o genere un sentido de la vida. Se trabaja con el vacío existencial a partir de las logoterapias.
  • Análisis transaccional de E. Berne. Esta terapia se centra en restaurar la confianza en el individuo, elaborando un “guión de vida” con el que trabajar para solventar el malestar o patologías que se originó.
  • Psicodrama: Se relaciona con el humanismo cuando los individuos asumen roles inadecuados y terminan por perjudicar a la persona. Los psicodramas son necesarios para deshacerse de esos roles dañinos y asumir unos adecuados.

Resumiendo, la psicología humanista parte del existencialismo y la fenomenología, estudiando al ser humano como ser consciente y en constante desarrollo; cuya fuente de conocimiento sobre sí mismo se basa en las representaciones mentales y los estados subjetivos propios. Un psicólogo que se identifique con esta corriente enfatiza en la variabilidad de las experiencias humanas, dándole importancia al contexto social del individuo.

Las dos principales críticas al humanismo son:

  • Falta de rigor teórico. Los psicólogos humanistas priorizan la experiencia directa y el aprendizaje vivencial frente a los modelos académicos de adquisición del conocimiento.
  • Escaso desarrollo de teorías o teorías con poco fundamento. Debido a esta crítica, algunos psicólogos considerados humanistas han intentado desarrollar un proceso de búsqueda de fundamentos más profundos.

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