En mi viaje exprés a Viena  (Viena, Praga y Budapest en cinco días), que fue mi primer viaje totalmente sola, se me ocurrió “aprovechar” que estaba allí para conocer ciudades vecinas. Como no estuve mucho tiempo, elegí dos: Praga y Budapest. Por aquí dejo mi experiencia por Praga:

La verdad es que antes de ir no tenía mucha idea de lo que iba a encontrar, pero me encantó. Allí descubrí que el centro histórico es Patrimonio de la Humanidad y enseguida vi por qué. Praga, como capital de la República Checa, es la ciudad más poblada del país y la verdad es que me sorprendió muchísimo la cantidad de gente que había para estar a mediados de octubre.

La excursión en autocar fue bastante cómoda, la verdad es que me estoy aficionando a este tipo de turismo. Nada más llegar vimos el Castillo de Praga y la Catedral de San Viton en la Ciudad Nueva. Desde allí había unas vistas geniales de la Ciudad Vieja (tercera foto). Después, en la Ciudad Vieja, pasamos por el Puente de Carlos que estaba abarrotadísimo, el Cementerio Judío, la Calle de París, la Plaza de la Ciudad Vieja, el Palacio Real, el Museo Nacional y la Plaza de Wenceslao. La verdad es que el nombre de la Ciudad de las cien torres le queda como anillo al dedo.

Al terminar esta parte de la excursión guiada, nos dieron tiempo libre que pude aprovechar para ver un mercadillo gastronómico que había en la misma plaza de Wenceslao, pude ir a la oficina turística a cargar el móvil un ratito y aproveché para probar el postre típico, el Trdelnik.

La verdad es que llegué cansada, pero imagino que sería más por el cansancio acumulado. Además, de vacaciones se aguanta bastante mejor el cansancio, ¿no? Hablando en serio, creo que es una excursión que merece la pena para tener una primera impresión de Praga y se hace bastante amena.

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Categorías: Viajes

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