Durante mi estancia en Helsinki, quise aprovechar para visitar Tallin, Estonia. Me habían dicho que en ferry se tardaba unas dos horas y salía bastante asequible. Durante el verano hay más de media docena de combinaciones posibles para ir y volver el mismo día (además de salir más barato, no tienes que pagar el alojamiento allí). Yo salí a mediodía y volví con el último de la noche, que sale a las 22.30. Al llegar a Tallin, anduve unos 20 minutos hasta el centro histórico, y pude ver los alrededores, que son bastante modernos.
Después de haber conocido Helsinki, reconozco que ir a Tallin fue una excursión bastante agradable por su estilo medieval y lo bien que habían conservado esa esencia. Incluso algunos de los empleados de los bares y restaurantes del casco antiguo iban en trajes típicos de la época. 

En la plaza central pude ver que había un mercadillo con varios puestos de antigüedades, souvenirs elaborados y bisutería artesanal. Me sorprendió que no fuera excesivamente caro y que hubieran mantenido la estética de todo el barrio.
Para terminar, dejo algunas fotos de varios edificios destacables, pero no pude hacer muchas porque cayó la típica tormenta de verano, así que aprovecho para recordar que aunque haga sol, conviene ser precavidos porque nunca se sabe. 

Como de costumbre, también dejo una foto del “platazo” de carne que te sirven en la mayoría de restaurantes para compartir entre dos. Y sí, estaba más bueno de lo que parece.

 

Aunque yo no me quedé a dormir en Tallin, se pueden encontrar muy buenas ofertas:
Booking.com

 
¿Quieres ver más entradas sobre viajes?
 
 

 

Categorías: Viajes

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.