Hasta el momento, Sheldon solo ha ido en barco dos veces: a la ida y a la vuelta de nuestro primer viaje juntos.

En el caso de Baleària, me sorprendió gratamente lo limpio, grande y ventilado que está el espacio destinado a los perros (no sé si en el caso de los gatos los ponen en el mismo sitio). A ver, es un contenedor de barco, habilitado con jaulas: abajo están las grandes y arriba las pequeñas. Todas tienen un pequeño desagüe para evitar guarradas si alguno se hace pis.

El encargado enseguida nos pide los datos, nos indica como funcionan las jaulas (que no tiene mucho misterio), nos dice que coloquemos al perro en la que queramos (porque en esta travesía no había demasiados animales peludos) y nos ofrece agua para los perros y candado por si queremos cerrar con llave.

No he dudado ni un momento en poner a Sheldon en una jaula grande, aunque probablemente habría cabido en una pequeña. Pero la grande le quedaba muy grande. Tenía libertad de movimiento, podía dar vueltas sobre sí mismo y ni siquiera rozaba con el techo de la jaula con la cabeza. Le he colocado la manta en la mitad contraria al desagüe y el bebedero cerca de éste, por si acaso. Me he olvidado las chuches en el coche, así que le hago un par de caricias y me despido de él, intentando tranquilizarle.

A las dos horas y algo, a la hora asignada, voy a verle y antes de entrar veo que está asomado. Me imagino que está nervioso. El encargado me dice que puedo pasearle por cubierta y me indica dónde hay un arenero (que es un barreño gigante lleno de piedrecitas). Al menos Sheldon puede hacer un pis sin ensuciar nada. Estamos un rato dando vueltas y volvemos a la jaula. Se mete enseguida, así que imagino que se encuentra más seguro en la jaula que en cubierta, por el movimiento del barco. La segunda vez que voy a verle, le pillo dormido. Igualmente, le despierto, vamos a hacer un pis y le doy una vuelta. Pero yo ya estoy tranquila. Al menos sé que no lo está pasando mal. Supongo que en el fondo lo sabía, es muy buen perro y no se queja casi nunca.

La segunda vez que fuimos en barco, a la vuelta del viaje, se puede decir que tuvimos más suerte: El barco era más moderno, la zona de mascotas estaba en el interior del barco y cada jaula tenía una videocámara conectada a la intranet del barco, por lo que pudimos ver a Sheldon en tiempo real durante toda la travesía. Tampoco nos asignaron horas de visita, simplemente nos dijeron que, si queríamos ir a verle, avisáramos en recepción.

Por lo tanto, lo que “necesitas” para el barco es:

  • Collar y correa para sacarlo a pasear
  • Bozal (teóricamente obligatorio, pero no nos dijeron nada)
  • Pasaporte y vacunas al día (tampoco tuvimos que sacarlo)
  • Manta (aunque haya sistema de calefacción, siempre será más agradable que tenga una mantita)
  • Bebedero (no quise ponerle comida porque, aunque suele aguantar, no sabía si haría caca y no quería que ensuciara la jaula y se sintiera incómodo).

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