En el ámbito de la psicología clínica y dentro de la intervención psicológica podemos encontrar gran variedad de técnicas para abordar a los diferentes pacientes y sus problemáticas. No obstante, dentro de esta cantidad de terapias, hoy en día destaca la terapia cognitivo conductual.

La terapia cognitivo conductual consiste en una orientación terapéutica, científicamente comprobada, cuyo objetivo es tratar de relacionar el pensamiento con la conducta mediante técnicas combinadas de la psicología cognitiva y la psicología conductista como pueden ser técnicas de reestructuración cognitiva, de entrenamiento en relajación o estrategias de afrontamiento y exposición.

En este tipo de terapias se parte de la idea de que las emociones y los estilos de conducta dependen, en parte de los estímulos físicos que recibimos del entorno; pero también están influenciados por nuestros pensamientos, que modifican nuestra percepción de esos estímulos y de nuestros procesos mentales.

Durante las sesiones, el objetivo principal del terapeuta será conseguir que el cliente adquiera más libertad en cuanto a las categorías que tiene preestablecidas y ser capaces de encontrar patrones de pensamiento que sean molestos. Esta libertad se conseguirá mediante un modelo de actuación basado en el diálogo socrático, en el cual el profesional provee al paciente el feedback necesario para que sea el paciente, por sí mismo, quien sea capaz de detectar los pensamientos contradictorios dentro de sus esquemas cognitivos.

Por tanto, se trata de un proceso autónomo por parte del paciente en el que el terapeuta únicamente deberá plantearle preguntas y afirmaciones que el paciente haya verbalizado para conseguir que éste profundice en sus propios pensamientos.

Si bien los resultados de las investigaciones clínicas controladas muestran una gran eficacia a las terapias cognitivo-conductuales en general, los resultado varían en función del tipo de problema conductual a resolver. Sin embargo, se ha corroborado su eficacia en trastornos como la ansiedad, la depresión, el trastorno de estrés postraumático, los ataques de pánico, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), las fobias, la bulimia y la esquizofrenia.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.